
SANTO DOMINGO.- Los acontecimientos que han rodeado la vida de Gonzalo Fuente Alonso pueden calificarse de muchas formas, menos de aburridos. Nacido en Burgos, provincia de Castilla en España, fue un joven como cualquiera, curioso, aventurero, trabajador, pero desde temprano comenzó a hacerse preguntas sobre la vida para las que no tenía respuesta.
Comenzó a buscar esas respuestas primero en el teatro y la pantomima, el diseño, la decoración, la animación, la creación y presentación de programas de televisión y las manualidades. Además celebró el poder curativo de sus manos aprendiendo técnicas de masaje terapéutico;
No fue suficiente.
Seguía buscando en cada actividad la respuesta a sus interrogantes existenciales y así se lanzó al conocimiento oriental, los deportes extremos y quiso conocer diferentes destinos del mundo. Mochila al hombro recorrió países de Asia, África, América y Europa.
A pesar de las emociones y experiencias “aún sentía un vacío dentro de mí, seguía con muchas preguntas sin respuestas”, comenta Alonso, a quien le costaba entender por qué le era tan difícil aprender cuando le enseñaba un maestro y por qué se las arreglaba bien por su cuenta.
El año de 1994 marca un antes y un después: llega a República Dominicana y según cuenta “a las tres horas ya estaba bailando en el malecón y unido a un grupo de gente, disfrutando como si llevara aquí toda mi vida”. Aunque sólo permaneció un mes, asegura que dejó algo al marcharse.
Tiempos tristesLos años siguientes Alan Alonso (nombre con el que se ha dado a conocer) desarrolló una grave enfermedad de la piel que ningún médico en Francia o España pudo curar. “Siempre me recomendaban que llevara una vida sana y yo me alejé de todo, vivía al aire libre, hacía deporte, comía saludable, y la enfermedad seguía empeorando. Me dijeron que debía aprender a vivir con ella porque era un padecimiento crónico”.
La extraña enfermedad parecía sumarse a la larga lista de “preguntas sin respuestas” que siempre le persiguieron. Alonso decidió volver al país aunque muchos le llamaron loco por irse a un lugar donde no había garantías para su salud, “pero yo quería huir del problema, tratar de buscar una solución”, dice.
Como en su primer viaje había conocido parte del Cibao, al pisar tierra dominicana Alonso tomó rumbo al sur, a la comunidad de Paraíso en Barahona, y según asegura, al poco tiempo de llegar, empezó a mejorar sin médicos ni tratamiento y hoy “para mi sorpresa” la enfermedad prácticamente ha desaparecido.
Su vida había encontrado el rumbo. De regreso a España y motivado por lo que había visto y oído, aprendió cómo adentrarse en los sentimientos y las emociones de las personas a través de la Fisiognomía, la Grafología, el lenguaje de los gestos y el cuerpo, la voz y las expresiones.
La investigaciónA su regreso al país en el 2000 se mantuvo en la zona rural, especialmente en Barahona, Baní y Santo Domingo, donde emprendió un profundo viaje espiritual. “Estuve encerrado sin televisión, teléfono, nada, para poder pensar, sentir y desarrollar mi interior y usé el movimiento porque el cerebro necesita movimiento para recibir energía”, dice.
A la vez iba adentrándose y escudriñando a la gente, la de las zonas rurales, la clase baja, “porque está menos etiquetada y te dice lo que es”, comenta. Mientras más testimonios recopilaba y más interactuaba llegó a una conclusión: “El ser humano viene equipado para saber y lograr todo lo que desea: éxito, amor, juventud, belleza, dinero, felicidad y una vida sin problemas”.
Además, fruto de sus investigaciones también entendió que cada persona es el resultado de sus pensamientos, de esos pensamientos se desprenden sus circunstancias emocionales, económicas, personales, laborales, familiares y sociales. Parafraseando al filósofo René Descartes: “Pensamos, luego existimos”.
Según Alonso, si una persona dice “todo es posible”, así será, pero si otra dice “no puedo lograr nada”, también es cierto, porque así lo piensa y para eso se programa. El principal problema de quienes no son felices es que sienten que no logran sus metas, y eso ocurre porque buscamos respuesta en el exterior.
“El problema es que nos han educado diciéndonos que todo viene de fuera, que sólo alcanzas la felicidad si tienes, si haces, si vas, cuando lo tenemos todo dentro, felicidad, dinero, belleza, venimos con eso, y hay que olvidarse del exterior y desarrollar lo de dentro. Queremos comprar frutos para colocarlos en las ramas, pero no pretendemos dejar que el árbol crezca y dé sus frutos”, reflexiona Alonso.
Esa condición interior se refleja, es por eso que Alonso ha comenzado a identificar en las formas del rostro y del cuerpo cientos de verdades que la persona esconde. La voz, los gestos, las letras y la firma y hasta las enfermedades que ha padecido un individuo, delatan sus conflictos emocionales, sus verdades, tristezas o si es tímido, decidido o extrovertido; Nada escapa a su ojo observador.
Por supuesto que no anda por la calle analizando a todo el que pasa, “sólo lo hago cuando me pongo en ello”, pero añade que su vida se ha tornado en un juego y es que “cuando te metes en esto de la investigación no puedes dejarlo, en cuanto tienes un momento y te enfocas empiezas a mirar a tu alrededor y hablar con la gente descubriendo siempre cosas nuevas”.
Las respuestas que tanto buscaba por fin las encontró, reflejadas en los demás. Aprendió a conocerse a sí mismo y por eso quiere compartir y enseñar a los dominicanos que tanto le permitieron entender al ser. El primer paso es convertirse en “coach personal del éxito”, una persona que puede ayudar a los demás a lograr sus aspiraciones conociendo cuáles son las dificultades que los rodean y orientándoles al respecto.